Cáceres, la ciudad de los aljibes

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Durante siglos, la Ribera del Marco fue la única forma de abastecerse de agua de la que disponía la ciudad de Cáceres. Esta circunstancia, sumada al hecho de estar lejos de los grandes ríos y construida en un cerro, llevó a los árabes a crear una infraestructura para recoger y almacenar el agua procedente de la lluvia. Cáceres está inundada de aljibes, con el de las Veletas como  obra hidráulica de estas características más conocida de la ciudad.

El aljibe del Palacio de las Veletas es uno de los más antiguos del país. El patio se encarga de recoger el agua de la lluvia que, gracias a unas rejillas colocadas en el suelo, se filtra directamente al depósito. En la época de máximo esplendor, el aljibe de las Veletas llegaba a almacenar hasta 700 metros cúbicos de agua. El mortero hidráulico (cal, arena y piedra silícea machacada)  garantiza la impermeabilidad del recinto. La cisterna tenía carácter público en la antigüedad. Existen fotografías de principios del siglo XX, en las que se comprueba cómo las lavanderas de la ciudad tendían sus ropas en las inmediaciones del aljibe.

Alonso Corrales Gaitán, investigador experto en construcciones ocultas de Cáceres, asegura que ninguna ciudad del país posee tantos aljibes como la extremeña. El del Palacio de las Veletas (siglo XI y XII) no es el único que hay en la ciudad monumental cacereña. En la Plaza de San Jorge existe otra gran cisterna. Puede contemplarse en los bajos de la Iglesia de la Preciosa Sangre. Una obra hidráulica similar fue hallada en la Torre de los Pozos (el nombre es bastante esclarecedor).

Otros importantes  depósitos de agua centenarios de Cáceres son: el de la Casa Museo Árabe Yussuf Al Burch, los hallados en la antigua casa de Fernando Valhondo Calaff o en la Calle Pizarro.

Para los más curiosos, Alonso Corrales invita a descubrir lugares que, a buen seguro, albergan grandes aljibes de agua. Sin ir más lejos, señala que en el callejón que comunica la Plaza de Caldereros con la Cuesta de Aldana puede apreciarse cómo los pasos retumban y hay eco al hablar. Son indicios de la existencia de otro de los centenares de aljibes cacereños.

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